martes, 26 de abril de 2016

El secreter de mamá


En casa de mis padres había un secreter. Era negro, estaba en una esquina de la sala de estar. En la otra, la mesilla con el Marie Brizard, las botellas y las copitas de licor. El secreter, más bien alto, sobre patas alabeadas, tenía una tapa que se bajaba para poder escribir. En los cajones había papel de escribir, sobres y la carta que mi padre escribió a mi abuelo pidiéndole permiso para mantener correspondencia con mi madre. Eso fue poco después de la guerra. La guerra tuvo mucho que ver con mi familia, sin ella mis padres no se hubiesen conocido. La carta de mi padre al abuelo Laudelino era formal. Claro, como que mi madre, cuando hablaba con el abuelo, le daba de usted.

El abuelo y la familia de mi madre eran castellanos. El abuelo Laudelino era el dueño de la tienda de ultramarinos de la plaza de un pueblo manchego. La plaza era la Plaza, igual que la calle de Zapatería era Zapatería, la fuente del Caño, la fuente, y el convento de los franciscanos, el Convento. En realidad yo no iba nunca a la fuente, mi vida en aquellos veranos  transcurría entre las casas de mi tía Margarita en el paseo de la Estación y la del abuelo. Al abuelo Laudelino, que se había quedado viudo joven, le gustaba que sus nietos fueran a comer con él a la una y media.

Era una lata, porque era la hora de la piscina. En realidad, un pilón en una huerta, en los años cincuenta y en el pueblo no había ni piscina municipal ni particular. Mi prima Tita y yo nos dividíamos la obligación de ir a comer con el abuelo. Bajabas por la Zapatería con el sol castellano, y bajo los soportales de la plaza estaba la tienda y la puerta de la casa del abuelo. Se llamaba con el aldabón –el diccionario dice aldaba, pero en el pueblo todos llamábamos a la puerta con el aldabón, casi siempre una mano de hierro con  una bola-, y María, la criada del abuelo, te abría desde el primer piso tirando de un cordel atado al cerrojo. La escalera era estrecha, con peldaños de baldosas y madera consumidos, un pasamanos y las paredes encaladas. Al entrar notabas el frescor.

La casa del abuelo estaba encima de la tienda y se comía en una habitación pequeña que daba a la plaza. En la pared había un calendario de la Unión Española de Explosivos. Los temas de esos calendarios eran cazadores, mujeres campesinas, o incluso dinamiteros. En los años veinte, Julio Romero de Torres hizo varios. El que yo veía colgado en la casa del abuelo podía ser “La niña de los cobres”, de Federico Ribera, un discípulo de Romero de Torres. Pero vaya usted a saber.

La tienda era maravillosa. Yo la ví en los últimos años de funcionamiento, igual a las que aparecen en las películas del oeste: piso de madera, un gran banco corrido para servir a los clientes, cajetines de todo tipo, e incluso un barril en posición vertical, junto a la puertecilla que daba a la escalera de la casa. En un lado había una trampa para bajar a la cueva donde se guardaban los quesos y los jamones, y que durante la guerra sirvió como refugio durante los bombardeos, que no faltaron ni siquiera en este pueblo.

Allí se vendía de todo, desde clavos y escarpias a perdigones de distintos calibres. Y había una máquina para hacer cartuchos, porque los buenos cazadores se fabricaban su propia munición. El abuelo había sido cazador y como era tuerto –o tenía problemas con un ojo, no sé- usaba una escopeta con una culata especial, que le permitía apuntar con el otro ojo. Los clavos tienen que ver con la familia desde tiempo atrás. Una bisabuela, cuando veía que sus hijos no tenían nada que hacer, cogía una caja llena de tachuelas y la vaciaba en el suelo para que las recogieran. En realidad la familia había ganado dinero fabricando botas para los ejércitos europeos durante la primera guerra mundial. Al menos eso es lo que me contaron. Pero no debieron ganar mucho, porque no éramos ricos. Ni mucho menos.

En los soportales de la plaza había una cosa importante, el churrero. El churrero –o la churrera, porque recuerdo una mujer simpática- nos vendía los borrachos. Que eran fundamentales para desayunar. Muchas veces, cuando estábamos en casa del abuelo, mi madre me mandaba a comprar una pesetas de churros y de borrachos.

En verano –agosto y septiembre- yo vivía en casa de la tía Margarita. La tía Margarita tenía fama de mandona, porque fue la que llevó la casa del abuelo cuando se murió la abuela María con cuarenta años. Su casa era moderna, con baño completo. Y una nevera de hielo. La tía me daba un cubo y me mandaba a comprar una barra de hielo a la fábrica, que estaba en la misma calle de la Estación pero unas casas más abajo. Ella misma preparaba los jamones que se curaban en una habitación que, en invierno, tenía siempre la ventana abierta. Al lado estaba mi cuarto, que daba al jardín de la casa de al lado. Unos pajarillos simpáticos me despertaban con sus trinos en las frescas mañanas de septiembre. Los jamones eran importantes, porque la tía Margarita me alimentaba a base de unos estupendos bocadillos de jamón serrano, cortado bien espeso.

A veces veníamos en invierno, y entonces vivíamos en casa del abuelo. Aunque hacía un frío de aúpa, era divertido. Había unas camas de hierro con grandes colchones rellenos de lana en los que uno, más que acostarse, se sumergía. Como no había calefacción, por la noche calentaban las camas con un artilugio, la tumbilla, un armazón de madera con un hueco en el centro donde se colocaban unas brasas. Todo eso se metía entre las sábanas, y se quitaba cuando ibas a dormir. Se suponía que una vez dormido no notabas el frío. En mi cuarto había un palanganero, con una jofaina –una palangana-, un jarro con agua y un espejo, con el que por las mañanas te aseabas. Es posible que también hubiera orinal, pero no lo recuerdo. Usábamos el comedor, y luego, para la tertulia, la mesa camilla. Seguramente también había braseros. En unas navidades en casa de mi abuela de Barcelona, jugando me caí y metí la rodilla en el brasero. No recuerdo si me dolió, solo que no me podía arrodillar en misa. Ese año hice la primera comunión, pero para entonces la rodilla ya se había curado.

En septiembre, a veces íbamos en calesa a la viña del abuelo. El caballo y la calesa estaban en la cerca, nombre para mí misterioso porque el lugar estaba cubierto, hubiese sido más lógico llamarlo cochera. Pero se llamaba la cerca. Alguien, que no creo que fuera el abuelo, preparaba el carricoche y salíamos al campo. La calesa olía a cuero, sudor de caballo y a las crines con las que se rellenaban los asientos. En la viña merendábamos pan con chocolate –no uvas, por aquello del tonto que fue a vendimiar y se llevó uvas de postre-.

Uno tiene ya sus años, lo que explica todo lo anterior. Y puedo presumir de haber visto el campo de España al principio de la mecanización. Por ejemplo, guardo un recuerdo confuso de una trilla en la era, con yo subido encima del trillo tirado por un caballejo -¿o una mula?-, y luego que me caigo. Eso era en el Vallés, el año que veraneamos en la masía de Vallromanas. Ahora, en Vallromanas, hay un golf. Qué cosas. Claro que el tío Manolo –el marido de la tía Margarita- tenía tractores, y trilladoras mecánicas. Pero por la tarde, cuando estábamos sentados jugando al siete y medio en la acera de la casa de la tía Margarita, veíamos volver del campo a las galeras, los grandes carros tirados por cuatro mulas. Algo así como los últimos de Filipinas.

Miguel Castellví

5 de junio 2014

lunes, 25 de abril de 2016

Retorno a Evelyn Waugh

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El escritor inglés Evelyn Waugh (1903-1966) resiste el paso del tiempo. Ameno y chispeante, cáustico y malicioso, el autor de Retorno a Brideshead retrata ferozmente la sociedad británica en la que vivió. Ricachones, periodistas, aristócratas estúpidos, irresponsables niñas bien, personajes inocentes arrastrados a la destrucción por un entorno maligno. Su obra constituye una valiosa aportación a la “novel of manners”, la novela de costumbres sociales de larga tradición en la literatura inglesa. Pero también presenta la crisis de la modernidad vista con un sentido de la vida profundamente religioso, desvela cómo la verdadera realidad es la sobrenatural, mientras lo que vemos es sólo apariencia.

Miguel Castellví

Evelyn[1] Arthur St John Waugh (1903-1966),  “el mejor prosista inglés desde Henry James” (G. Weigel), es sin duda un clásico inglés moderno. Nació en una familia de religión anglicana, de la clase media de Londres. Su padre era un directivo de Chapman and Hill, una editorial que vivía de los derechos de Dickens, mientras su hermano mayor también fue novelista. Evelyn W. llega a la literatura durante los años veinte, después de estudiar en Oxford y de fracasar como profesor de “public school”, los colegios de élite ingleses. En 1927, tras ser despedido de su último encargo docente, escribía en su diario: “he intentado conseguir trabajo sin éxito, me encuentro cansado y deprimido:  me parece que ha llegado el momento de convertirme en un hombre de letras”.

Profundamente influido por el cine, rompe con la tradición narrativa del siglo XIX y, junto con otros escritores inicia una revolución estilística que marcará toda la novela del XX. Con un estilo aparentemente fácil, pero en realidad fruto de mucho esfuerzo y de numerosas correcciones, Waugh emplea técnicas tomadas del cine y de los impresionistas. En dos pinceladas logra descripciones superiores a las de los interminables textos del XIX. En una carta a un amigo, W. resume así su visión: “Inspira (en el lector) pensamientos a través de las actuaciones y de la acción. No digas todo de modo explícito. Esta es la inestimable aportación del cine a la novela. Haz que las cosas sucedan… Por muy fuerte que sea la tentación, no presentes los caracteres simplemente dibujándolos y haciéndolos hablar. Inclúyelos en una trama.” [2].

Waugh –que estudió pintura, pero abandonó los pinceles al darse cuenta de que nunca habría pasado de ser un artista modesto-, aprendió a traspasar a la narrativa los descubrimientos de los Impresionistas y post Impresionistas. "Una observación rápida como un relámpago -como esos cuadros en los que una entera escena es sugerida a través de cuidadosos y seleccionados puntos de color-,  sustituye a los cuidadosos dibujos de una entera cara o el inventario de una habitación, que fue el sistema usado por Balzac y otros realistas”. [3].

Junto a estos descubrimientos estilísticos, las novelas de W. se caracterizan por un fino trabajo artesanal -durante su juventud, W. aprendió la técnica de la ebanistería-. Es la misma técnica que lleva a sus tramas, donde hay un complejo y a la vez sencillo entramado de las vidas de sus personajes, que se intersecan como en una hermosa mesa taraceada se entrecruzan los distintos tipos de madera creando dibujos y colores armoniosos.

El resultado de estas novedades técnicas robadas al cine y la pintura es espectacular. Brillantes imágenes, descripciones breves pero muy eficaces, diálogos que parecen salidos de la calle o escuchados en el hall del hotel de cinco estrellas en el que mueven sus personajes, caracteres magistralmente dibujados con poquísimos trazos. Todo ello sazonado por un sentido del humor típicamente británico que recuerda a Woodehouse, el inolvidable creador de Jeeves, del que Waugh se declara ferviente admirador[4] .

Pero mientras las novelas de Woodehouse se limitan a un divertido juego cómico sin más trascendencia, tramas absurdas que no pueden ser identificadas con la sociedad real, ya en su primera novela de éxito, “Decline and Fall” ("Decadencia y caída"), publicada en 1928, W. satiriza con crueldad personajes y situaciones reales de la vida británica, en este caso el ambiente de las escuelas privadas, dejando un regusto dulce amargo de crítica social.

Las primeras novelas de Waugh son satíricas, es decir, caricaturas deliberadamente exageradas de caracteres o personajes reales y de ambientes sociales, pero “se alzan más allá del mero entretenimiento porque tocan, aunque sea de modo accidental, problemas humanos auténticos: la relación del inocente con el ambiente malsano que lo rodea es una constante en las obras de Waugh”.

“Vile Bodies”, “Cuerpos viles”, su segunda obra, titulada con una cita de San Pablo, es una descripción de la "alegre juventud" -“the young, brilliant things"- de los veinte-treinta en la capital del entonces sólido Imperio británico. De esta podemos citar un párrafo que resume en rápidos trazos el ambiente de la “movida” londinense, de la que él mismo fue un protagonista: “fiestas de máscaras, fiestas salvajes, fiestas victorianas, fiestas griegas, fiestas del salvaje oeste, fiestas rusas, fiestas en las que uno tiene que disfrazarse como otra persona, fiestas prácticamente desnudos en St John’s Wood, fiestas en pisos, estudios y casas y barcos y hoteles y nigth clubs, en molinos de viento y piscinas, meriendas en el colegio donde se toman muffins y merengues, invitaciones en Oxford donde  se bebe jerez envejecido y se fuman cigarrillos turcos, estúpidos bailes en Londres y bailes cómicos en Escocia y bailes repugnantes en Paris: toda esta sucesión y repetición de masas humanas….Todos estos cuerpos viles”[5]

Pero con los años, la obra de W. va más allá de las divertidas sátiras de sus primeras novelas. Estos trabajos tempranos, dice George Weigel en un largo artículo sobre W. (“First Things”, mayo 1993, pp. 31-37), “eran de hecho el prólogo literario, y más importante, moral, de la identidad de W. como novelista maduro, la introducción a W como el más agudo patólogo literario de la crisis de la modernidad”. Como Charles, el protagonista de “ Brideshead revisited”, W. puede decir: “Mi tema es la memoria”. Y la memoria –una memoria filtrada por el genio del artista, memoria de una sociedad que ya está en crisis y que la segunda guerra mundial acabará de destruir- es el gran tema de algunas de sus mejores obras, en las que, de un modo u otro, se encuentran experiencias personales de W.: la enseñanza en “Decline and Fall”, el ambiente de la juventud en “Vile Bodies”, las crisis personales en “Handful of Dust” ("Un puñado de polvo"), el ambiente de los enviados especiales en “Scoop”("Noticia bomba"), la crisis social producida por la guerra en “Brideshead revisited” ("Retorno a Brideshead"), la segunda guerra mundial vista desde el ejército británico, con todas sus tradiciones y manías, en la trilogía "The Sword of Honour”, y la santidad de un cristiano normal, en "Helena".

Descubrir la fe

Mientras escribe “Cuerpos viles”, W. pasa una profunda crisis personal. La infidelidad de su primera mujer – en 1928, W. se casó civilmente con una chica llamada Evelyn Gardner, que le abandonó poco después- y el sucesivo divorcio (1930) le llevaron  no a un cinismo terminal, sino a la convicción de que "la decadencia y la caída ya no servían para hacer chistes" [6]. Waugh experimentó el desastre de su divorcio en términos profundamente personales. Como escribió a Harold Acton, su amigo de Oxford, “no pensé que fuese posible ser tan miserable y seguir viviendo”. La traición de su mujer cristalizó en Waugh en una visión más amplio y más fructífera literariamente –aunque no por esto menos dramática- sobre su epoca y sobre él mismo, y por esto en el Waugh de la madurez, "la farsa se transformó en comedia, y la comedia se transformó, con todas sus sombras y claroscuros, en una comedia divina” (G. Weigel, artículo citado)

Su crítica a la modernidad parte de planteamientos cristianos. La Civilización, dice W., en el sentido del conjunto moral y artístico de Europa, no posee en sí misma la capacidad de la supervivencia. "Llegó a su ser a través del cristianismo, y sin el cristianismo no tiene sentido, ni se puede exigir a nadie ser fieles a ella. Ya no es posible, como en tiempos de Gibbon, aceptar los beneficios de la civilización, y al mismo tiempo negar la base sobrenatural sobre la que se apoya".

Fue en esa época, pero no a consecuencia de la crisis de su matrimonio, cuando W. se convirtió al catolicismo, “abandonando el confortable agnosticismo de su ambiente social y literario, y los restos de anglicanismo que había visto en sus padres” (Weigel). El 29 de septiembre de 1930 fue recibido en la Iglesia Católica bajo la dirección espiritual de un jesuita legendario, Martin D’Arcy. Como el proprio D’Arcy escribió, la conversión de W. fue muy especial, y en ella no hubo nada de reacción mística a la infidelidad de su mujer o la crisis de su vida sentimental. El mismo W. explicó que “a través de un firme convencimiento intelectual, pero con muy poca emoción, fui admitido en la Iglesia”. Evelyn –explicó el padre D’Arcy- "nunca me habló de experiencia o de sentimientos. Vino a mí para aprender, y comprendía que lo que creía era revelación de Dios, y esto hizo que hablar con él fuese una discusión interesante, basada primariamente sobre la razón”.

Con su conversión, W. alcanza una fe profunda que será el fundamento de su vida y de su obra. “Yo reverencio a la Iglesia Católica porque es verdad, no porque está establecida o porque es una institución” , dijo también W. Esta verdad, explica Weigel, “se convertiría en la pieza central de su visión del mundo y de su arte”. En una entrevista a la BBC, W. insistía en este hecho: para él, la religión no es un adorno que uno se coloca cuando ya tiene resuelta la vida: la fe es “the essence of the whole thing”, 'la esencia de la cosa misma'.

Pero W. no se transformó automáticamente en un santo. Tenía defectos antes de convertirse, y siguió teniéndolos después: un carácter agresivo, que a veces le podía llevar a actitudes odiosas o humillantes con los demás, y a salvajes cambios de humor, pasando de la exaltación a la depresión. Además siempre tuvo problemas con la bebida. Pero como él mismo dijo, "yo hubiera sido una persona mucho peor si no hubiera sido católico".[7]

"San Evelyn Waugh"

W. tenía muy claras dos cosas:  el fin de cualquier cristiano es ir al cielo –ser santo, pero de un modo normal-, y la verdadera realidad es la sobrenatural. “Algunas personas -dijo W- han sido tan sensacionalmente santas en vida que sabemos que se fueron directamente al cielo, y por esto las ponemos en el santoral [8]. (..) Cada individuo tiene su propia forma peculiar de ser santo, que tiene que llevar a término, o perecerá. No es bueno que yo diga: “me gustaría ser como Juana de Arco o San Juan de la Cruz". Yo sólo puedo ser San Evelyn Waugh, después de experiencias en el purgatorio que únicamente Dios sabe”.

En cuanto a la realidad más profunda de las cosas, W. estaba convencido de que las realidades visibles son mera apariencia de las sobrenaturales. Como dice Guy Crouchback, el protagonista de su trilogía sobre la II Guerra Mundial ("The Sword of Honour), el orden sobrenatural “es real, y lo que llamamos real es sólo una sombra, a passing fancy"”

Una prueba de la rectitud de intención de W. cuando se convirtió al catolicismo es que estaba convencido de que nunca podría volver a casarse, a causa de su matrimonio con Evelyn Gardner. Una vez convertido, le explicaron que con gran probabilidad aquel matrimonio podía ser nulo. W. entonces pidió la anulación. La causa fue vista ante el tribunal diocesano de Londres, y enviada a Roma para confirmar la nulidad. También aquí W. pasó una amarga experiencia, porque el juez diocesano dejó los papeles durmiendo en un cajón, hasta que un  nuevo arzobispo de Londres conoció el caso de W. y desenterró la causa. Anulado aquel matrimonio, W. pudo casarse con una joven católica, Laura Herbert, que le hizo feliz y a la que según propia confesión fue fiel toda su vida. Tuvieron siete hijos. El mayor, Auberon, escritor y periodista como su padre, falleció en enero del 2000 a los sesenta y un años de edad, en Combey Florey, la casa donde W. pasó los últimos años de su vida.

No es colateral hablar de la conversión de W. al catolicismo. Su fe se convirtió en punto central de su obra, pero no al modo de ciertos escritores “católicos” (entre otros, su gran amigo Graham Greene), sino más bien como decía la norteamericana Flannery O’Connor, porque el tema de la literatura “es la acción de la gracia en un territorio propiedad en gran parte del demonio”. También Jean Guitton afirma que la novela nos revela el sentido de nuestra vida, y que hay que leer novelas “para penetrar en ambientes sociales distintos del nuestro; encontrar bajo las diferencias externas, la semejanza de la naturaleza humana, analizar los problemas fundamentales, que son el pecado, el amor, el destino, y todo esto de modo concreto y sin transposiciones de la moral: para enriquecer nuestras vidas con la sustancia y la magia de otras existencias”.

Como dice uno de los biógrafos de W., su sentido religioso fue “el factor unificador de su discordante vida”[9]. Además de lo que ya hemos citado –W. estaba convencido que sin la gracia, hubiera sido mucho peor-, el escritor afirmaba que tenía tal experiencia personal en su propia vida de la realidad del mal, que negarlo “era simplemente una falta de sentido común”.


"Retorno a Brideshead"

Una de las frases más felices de "Retorno a Brideshead" (1945), su novela más conocida, es la que escribe el protagonista, Charles Ryder recordando su amistad con la familia Flyte: “mi tema es la memoria, aquel anfitrión alado que se cernía en torno a mí una mañana gris, durante la guerra"[10]. La trama de la novela es el impacto en Ryder -en muchos aspectos un trasunto de W.- de su relación con los miembros de una aristocrática familia en la que la religión católica pesa como una losa. Aparentemente, la novela se centra en la decadencia de la aristocracia, derrotada por el mundo moderno y por el "common man", el "hombre masa" de orteguiana memoria. En realidad, como afirma W. en el prólogo, el verdadero tema "es la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados".

A través de las crisis de Ryder, en la familia Flyte, y en el mundo occidental, W. quiere llegar a algo más profundo: la verdadera salvación está en la renuncia y en el abandono a la voluntad divina. El climax de la novela se alcanza cuando Charles y Julia Flyte, después de dos matrimonios fallidos, se enamoran y piensan casarse. Estamos en 1939, la guerra está a punto de empezar y el viejo marqués Marchmain, padre de Julia, decide volver a Inglaterra para morir allí. Lord Marchmain es nominalmente católico -se convirtió para contraer matrimonio- pero después de la Gran Guerra abandonó a su mujer y vivió lejos de la Iglesia Católica. Sin embargo, en su lecho de muerte se convierte y muere en paz. Julia entonces dice a Charles que no podrá casarse con él, a causa de su anterior matrimonio. Ryder lo entiende, y a través de la renuncia llega a la fe. La escena final habla de la vela del Sagrario en la capilla de los Marchmain, encendida de nuevo por el capellán militar tras años de ausencia del Santísimo.

"Brideshead" es sin duda la novela más conocida de W. La escribió de un tirón durante la guerra, durante los primeros meses del 1944, y la terminó en junio, coincidiendo con los días del desembarco en Normandía. Una parte de la crítica la rechazó, calificándola de elitista, snob y pro católica. Pero aunque supuso un brusco cambio en su carrera literaria, sin duda es una obra ambiciosa y que, a pesar de que en algunos puntos se le puede acusar de rozar el sentimentalismo, sabe llegar al corazón de las verdades profundas sobre el hombre, el amor, la sociedad y Dios.

En 1950, W. desconcertó de nuevo a la crítica inglesa con la novela que él más apreciaba, "Helena", una versión novelada de la vida de la madre de Constantino y su búsqueda de la Vera Cruz. Para terminar, recordemos "The Sword of Honour", la trilogía sobre la II guerra mundial, quizá la mejor novela escrita sobre esa guerra, que desgraciadamente no se ha publicado en castellano. La primera parte, "Men at Arms" es de 1952, la segunda -"Officers and Gentlemen" salió en 1955, y la tercera, "Unconditional Surrender",  en 1961.

Son novelas muy "masculinas", centradas en la segunda guerra mundial vista a través de los cuerpos de élite británicos, sus rutinas y tradiciones. W. los conoció de primera mano, pues gracias a una recomendación de Churchill estuvo en los más prestigiosos: los Royal Marines, los Royal Horse Guards, los Commandos y el mítico SAS (Special Air Services). Participó en el fallido desembarco de Dakar (1940), combatió con el 8 Commando (Layforce) en la batalla de Creta (1943) perdida por los ingleses, demostrando un notable coraje. Un año después, junto con su amigo Randolph Churchill, hijo del primer ministro inglés, fue enviado en misión especial a Yugoslavia donde por milagro salvaron sus vidas cuando su avión se estrelló en un aterrizaje nocturno. 

Es en esta mezcla de vida militar y desastre de la guerra en la que se mueve Guy Crouchback, último descendiente de una vieja familia católica que, tras ser abandonado por su mujer, busca un sentido a su vida. Espera encontrarlo en la guerra, en la lucha contra las fuerzas del mal: "por fin el enemigo estaba claramente a la vista, inmenso y odioso, con su disfraz quitado. Era la Edad Moderna en armas. Cualquiera que fuese el resultado, había un sitio para él en esa batalla" (Men at arms, 1952)[11]. Tras muchas peripecias militares que recogen las propias experiencias de W., Guy encontrará el sentido de su vida no a través de la guerra, sino en un imprevisto desenlace y por medio del abandono en las manos de la providencia divina.

Waugh y el cine 
          
Prácticamente toda la obra de W. ha sido llevada al cine o la tv. “Granada tv” hizo de “Brideshead revisited” un serial de gran éxito con Laurence Olivier, John Gielgud, Jeremy Irons y Claire Bloom entre sus protagonistas. La productora del “Enrique V” de Brannagh prepara la filmación de “Cuerpos viles”. En Internet hay varios sitos[12] dedicados a este escritor. Para su centenario en el 2003, un grupo de especialistas prepara un congreso internacional sobre W. que tendrá lugar en Hertford, el college de Oxford donde estudió.

Los académicos han clasificado la obra de Waugh como “novel of manners”, que no es “costumbrismo” y mucho menos “casticismo”, sino “novela de comportamiento”, que convierte en ficción la observación de la conducta social. Este tipo de novela, dice la E. Britanica, “a veces se ha considerado de menor valor que la que excava en la mente humana. Y sin embargo, los usos sociales conocidos como manners, modos de comportarse en sociedad, por muy superficiales que parezcan son índices del alma colectiva y merecen el atento estudio del escritor y del lector.” Jane Austen escribe “novela de comportamiento “ centrándose en un mundo muy restringido, las familias de clase media de provincia a principios del XIX, y sin embargo nadie puede acusar a Jane Austen de falta de profundidad. “Novelas como Handful of Dust (1934), de Evelyn Waugh, dependen de la exacta descripción de los comportamientos de una sociedad cerrada, en la que las tragedias personales son sólo disturbios temporales del orden colectivo”, concluye la E.B..

La razón de que las obras de Waugh se siguen vendiendo es, en gran parte, porque son muy entretenidas –basta recordar “Scoop” y su sátira de los periódicos ingleses y sus corresponsales de guerra-, y  esto es una gran virtud. Desde sus albores –el Quijote es, probablemente, la primera novela moderna- el objetivo de la novela ha sido divertir, entretener. Y el gran éxito de Cervantes es que hoy, muchas personas pueden reirse a gusto leyendo el encuentro de el Quijote con Aldonza Lorenzo o la aventura de los molinos de viento. La novela tiene que entretener, si no, será  ensayo o un diccionario, pero no será novela. “En todos los tiempos, los hombres han leído con gusto los relatos, por mucho que supieran que eran invenciones, porque se esperaban una verdad más íntima, más vasta, más cercana a su corazón, que la la llamada verdad histórica”, dice Jean Guitton en “El trabajo intelectual”. Y el fracaso del experimentalismo o del nouveau roman, que acabaron en un callejón sin salida, está en gran parte en que no se proponían divertir al lector, dando de este modo una puñalada trapera a la novela.

La misma idea es recogida por la Enciclopedia Británica en la voz “el arte de la literatura”: “En una época en la que se da por supuesto que la palabra escrita debe ser “comprometida”  -denunciando los males sociales o dando publicidad a ideologías progresistas- los novelistas que busquen sólo sacar al lector de su aburrida u opresiva vida cotidiana, no están muy bien considerados, con excepción del público lector que en un libro nunca ha buscada otra cosa más que una diversión. Sin embargo, hacer reír o soñar ha sido durante muchos siglos una legítima ocupación literaria."





Las novelas de E. W. en castellano:

Decadencia y caída, Anagrama, 1986 (puede estar agotada)
Cuerpos viles, Anagrama, 1990
Merienda de negros, Anagrama, 1990
Un puñado de polvo, coleccion Austral nº367, Ed. Espasa Calpe, 1995
Noticia bomba, Anagrama, 3ª ed. 1997
Retorno a Brideshead, Tusquets 1987
Elena, 1997
Relatos breves (En guardia, El amor en tiempos de crisis, El segundón), Nuevas ediciones de bolsillo, Barcelona 2000
La trilogia La Espada de Honor. Hombres en armas. Edición de Carlos Villar Flor. Ediciones Cátedra. 2003
Oficiales y caballerosEdición de Carlos Villar Flor. Ediciones Cátedra. 2010
Rendición incondicional. Edición de Carlos Villar Flor Ediciones Cátedra. 2011

Hay ediciones en catalán de "Brideshead" y "Un puñado de polvo" (Un grapat de pols, 1997)


The Novels of Evelyn Waugh:


Biografías:

EVELYN WAUGH: A BIOGRAPHY, por Christopher Sykes, Londres 1975: realizada por un escritor y amigo de toda la vida de W, es una aproximación a W. desde la amistad y el aprecio.

EVELYN WAUGH, por Selina  Hastings, Londres 1994, aporta muchas citas inéditas de la correspondencia de W., pero le falta una comprensión más profunda de la personalidad del escritor.

EVELYN WAUGH, The Early Years 1903-1939, por Martin Stannard, ed. Norton (1987), 537 pags, 10,95 $, ed. ecónimica; Evelyn Waugh: The Later Years 1939-1966, por Martin Stannard, ed. Norton, 1992, 512 pags. 25,95 $: ed. encuadernada en tela. Es la biografía más completa sobre W. hasta el momento.


[1] En Inglaterra, Evelyn puede ser también nombre de varón. Esto dio motivo a algunos malentendidos: durante la guerra de Abisinia, un oficial italiano fue a recibir a W. al aeropuerto con un ramo de flores. El malentendido encantó a W. pero no le gustó nada al militar italiano.

[2] “Try and bring home thoughts by actions and incidents. Don’t make everytingh said. This the inestimable value of the Cinema to novelists.. Make things happen…Wathever the tentation, for God’s sake don’t bring characters on simply to draw their characters and make them talk. Fit them into a design” (cita tomada de John Porter).

[3] A spare brilliance of observation, like those paintings in wich a whole scene is suggested through carefully, selected points of colour, replaced taht careful deliniation of a whole face, or inventory of a whole room, that had been the way of Balzac an other realists” (Enciclopedia Britannica, artículo sobre el Arte de la Literatura, Impresionismo).

[4] Al terminar la segunda guerra, W. intervino para salvar de la cárcel a Woodehouse, que por una serie de circunstancias había vivido en zona de ocupación alemana y se prestó a ingenuas declaraciones utilizadas por la propaganda nazi.

5] Masked parties, Savage parties, Victorian parties, Greek parties, Wild West parties, Russian parties, Circus parties, parties where one had to dress as somebody else, almost naked parties in St John's Wood, parties in flats and studios and houses and ships and hotels and night clubs, in windmills and swimming baths, tea parties at school where one ate muffins and meringues and tinned crab, parties at Oxford where one drank brown sherry and smoked Turkish cigarettes, dull dances in London and comic dances in Scotland and disgusting dances in Paris - all that succession and repetition of massed humanity... Those vile bodies...
Vile Bodies (1930)

[6] "decline and fall were no longer the subjet for jokes” (de la biografía de Martin Stannard)

[7] « You have no idea how much nastier I would be if I was not a Catholiv. Without supernatural aid I would hardly be a human being  (Cristopher Sykes biografia, p. 334)

[8] "Some people have been so sensationally holly in life that we know they went straight to heaven and so put them in the calendar"

[9] Evelyn Waugh, Christopher Sykes, Londres 1975

[10] "that winged host that soared about me one grey morning of war-time"

[11] The enemy at last was plain in view, huge and hateful, with all disguise cast off. It was the Modern Age in arms. Whatever the outcome there was a place for him in that battle" Men At Arms (1952)

 [12] www.doubtinghall.co.uk de J. Porter, contiene una presentación de E. W., noticias, biografía, reseñas y parrafos iniciales de las obras de Waugh ; http://davidcliffe.members.beeb.net incluye un glosario de términos de « Brideshead » así como una cronología de la « vida » de los personajes de B.; http://www.abbotshill.freeserve.co.uk/Brideshead.html contiene un resumen de "Brideshead revisited", la obra más popular de W (está linkada con la web anterior)