El escritor inglés Evelyn
Waugh (1903-1966) resiste el paso del tiempo. Ameno y chispeante, cáustico y
malicioso, el autor de Retorno a Brideshead retrata ferozmente la
sociedad británica en la que vivió. Ricachones, periodistas, aristócratas
estúpidos, irresponsables niñas bien, personajes inocentes arrastrados a la
destrucción por un entorno maligno. Su obra constituye una valiosa aportación a
la “novel of manners”, la novela de costumbres sociales de larga tradición en
la literatura inglesa. Pero también presenta la crisis de la modernidad vista
con un sentido de la vida profundamente religioso, desvela cómo la verdadera realidad es la
sobrenatural, mientras lo que vemos es sólo apariencia.
Evelyn
Arthur St John Waugh (1903-1966), “el
mejor prosista inglés desde Henry James” (G. Weigel), es sin duda un clásico
inglés moderno. Nació en una familia de religión anglicana, de la clase media
de Londres. Su padre era un directivo de Chapman and Hill, una editorial que
vivía de los derechos de Dickens, mientras su hermano mayor también fue
novelista. Evelyn W. llega a la literatura durante los años veinte, después de
estudiar en Oxford y de fracasar como profesor de “public school”, los colegios
de élite ingleses. En 1927, tras ser despedido de su último encargo docente,
escribía en su diario: “he intentado conseguir trabajo sin éxito, me encuentro
cansado y deprimido: me parece que ha
llegado el momento de convertirme en un hombre de letras”.
Profundamente influido por el cine, rompe con la tradición narrativa del
siglo XIX y, junto con otros escritores inicia una revolución estilística que
marcará toda la novela del XX. Con un estilo aparentemente fácil, pero en
realidad fruto de mucho esfuerzo y de numerosas correcciones, Waugh emplea
técnicas tomadas del cine y de los impresionistas. En dos pinceladas logra
descripciones superiores a las de los interminables textos del XIX. En una
carta a un amigo, W. resume así su visión: “Inspira (en el lector) pensamientos
a través de las actuaciones y de la acción. No digas todo de modo explícito.
Esta es la inestimable aportación del cine a la novela. Haz que las cosas
sucedan… Por muy fuerte que sea la tentación, no presentes los caracteres
simplemente dibujándolos y haciéndolos hablar. Inclúyelos en una trama.” .
Waugh –que estudió pintura, pero abandonó los pinceles al darse cuenta de
que nunca habría pasado de ser un artista modesto-, aprendió a traspasar a la
narrativa los descubrimientos de los Impresionistas y post Impresionistas.
"Una observación rápida como un relámpago -como esos cuadros en los que
una entera escena es sugerida a través de cuidadosos y seleccionados puntos de
color-, sustituye a los cuidadosos
dibujos de una entera cara o el inventario de una habitación, que fue el
sistema usado por Balzac y otros realistas”. .
Junto a estos descubrimientos estilísticos, las novelas de W. se
caracterizan por un fino trabajo artesanal -durante su juventud, W. aprendió la
técnica de la ebanistería-. Es la misma técnica que lleva a sus tramas, donde hay
un complejo y a la vez sencillo entramado de las vidas de sus personajes, que
se intersecan como en una hermosa mesa taraceada se entrecruzan los distintos
tipos de madera creando dibujos y colores armoniosos.
El resultado de estas novedades técnicas robadas al cine y la pintura es
espectacular. Brillantes imágenes, descripciones breves pero muy eficaces,
diálogos que parecen salidos de la calle o escuchados en el hall del hotel de
cinco estrellas en el que mueven sus personajes, caracteres magistralmente
dibujados con poquísimos trazos. Todo ello sazonado por un sentido del humor
típicamente británico que recuerda a Woodehouse, el inolvidable creador de
Jeeves, del que Waugh se declara ferviente admirador .
Pero mientras las novelas de Woodehouse se limitan a un divertido juego
cómico sin más trascendencia, tramas absurdas que no pueden ser identificadas
con la sociedad real, ya en su primera novela de éxito, “Decline and Fall”
("Decadencia y caída"), publicada en 1928, W. satiriza con crueldad
personajes y situaciones reales de la vida británica, en este caso el ambiente
de las escuelas privadas, dejando un regusto dulce amargo de crítica social.
Las primeras novelas de Waugh son satíricas, es decir, caricaturas
deliberadamente exageradas de caracteres o personajes reales y de ambientes
sociales, pero “se alzan más allá del mero entretenimiento porque tocan, aunque
sea de modo accidental, problemas humanos auténticos: la relación del inocente
con el ambiente malsano que lo rodea es una constante en las obras de Waugh”.
“Vile Bodies”, “Cuerpos viles”, su segunda obra, titulada con una cita de
San Pablo, es una descripción de la "alegre juventud" -“the young,
brilliant things"- de los veinte-treinta en la capital del entonces sólido
Imperio británico. De esta podemos citar un párrafo que resume en rápidos
trazos el ambiente de la “movida” londinense, de la que él mismo fue un
protagonista: “fiestas de máscaras, fiestas salvajes, fiestas victorianas,
fiestas griegas, fiestas del salvaje oeste, fiestas rusas, fiestas en las que
uno tiene que disfrazarse como otra persona, fiestas prácticamente desnudos en
St John’s Wood, fiestas en pisos, estudios y casas y barcos y hoteles y nigth
clubs, en molinos de viento y piscinas, meriendas en el colegio donde se toman
muffins y merengues, invitaciones en Oxford donde se bebe jerez envejecido y se fuman
cigarrillos turcos, estúpidos bailes en Londres y bailes cómicos en Escocia y
bailes repugnantes en Paris: toda esta sucesión y repetición de masas
humanas….Todos estos cuerpos viles”
Pero con los años, la obra de W. va más allá de las divertidas sátiras de
sus primeras novelas. Estos trabajos tempranos, dice George Weigel en un largo
artículo sobre W. (“First Things”, mayo 1993, pp. 31-37), “eran de hecho el
prólogo literario, y más importante, moral, de la identidad de W. como
novelista maduro, la introducción a W como el más agudo patólogo literario de
la crisis de la modernidad”. Como Charles, el protagonista de “ Brideshead
revisited”, W. puede decir: “Mi tema es la memoria”. Y la memoria –una memoria
filtrada por el genio del artista, memoria de una sociedad que ya está en
crisis y que la segunda guerra mundial acabará de destruir- es el gran tema de
algunas de sus mejores obras, en las que, de un modo u otro, se encuentran
experiencias personales de W.: la enseñanza en “Decline and Fall”, el ambiente
de la juventud en “Vile Bodies”, las crisis personales en “Handful of Dust”
("Un puñado de polvo"), el ambiente de los enviados especiales en
“Scoop”("Noticia bomba"), la crisis social producida por la guerra en
“Brideshead revisited” ("Retorno a Brideshead"), la segunda guerra
mundial vista desde el ejército británico, con todas sus tradiciones y manías,
en la trilogía "The Sword of Honour”, y la santidad de un cristiano
normal, en "Helena".
Descubrir la fe
Mientras escribe
“Cuerpos viles”, W. pasa una profunda crisis personal. La infidelidad de su
primera mujer – en 1928, W. se casó civilmente con una chica llamada Evelyn
Gardner, que le abandonó poco después- y el sucesivo divorcio (1930) le
llevaron no a un cinismo terminal, sino
a la convicción de que "la decadencia y la caída ya no servían para hacer
chistes" . Waugh experimentó el desastre de su
divorcio en términos profundamente personales. Como escribió a Harold Acton, su
amigo de Oxford, “no pensé que fuese posible ser tan miserable y seguir
viviendo”. La traición de su mujer cristalizó en Waugh en una visión más amplio
y más fructífera literariamente –aunque no por esto menos dramática- sobre su
epoca y sobre él mismo, y por esto en el Waugh de la madurez, "la farsa se
transformó en comedia, y la comedia se transformó, con todas sus sombras y
claroscuros, en una comedia divina” (G. Weigel, artículo citado)
Su crítica a la modernidad parte de planteamientos cristianos. La
Civilización, dice W., en el sentido del conjunto moral y artístico de Europa,
no posee en sí misma la capacidad de la supervivencia. "Llegó a su ser a
través del cristianismo, y sin el cristianismo no tiene sentido, ni se puede
exigir a nadie ser fieles a ella. Ya no es posible, como en tiempos de Gibbon,
aceptar los beneficios de la civilización, y al mismo tiempo negar la base
sobrenatural sobre la que se apoya".
Fue en esa época, pero no a consecuencia de la crisis de su matrimonio, cuando
W. se convirtió al catolicismo, “abandonando el confortable agnosticismo de su
ambiente social y literario, y los restos de anglicanismo que había visto en
sus padres” (Weigel). El 29 de septiembre de 1930 fue recibido en la Iglesia
Católica bajo la dirección espiritual de un jesuita legendario, Martin D’Arcy.
Como el proprio D’Arcy escribió, la conversión de W. fue muy especial, y en
ella no hubo nada de reacción mística a la infidelidad de su mujer o la crisis
de su vida sentimental. El mismo W. explicó que “a través de un firme
convencimiento intelectual, pero con muy poca emoción, fui admitido en la
Iglesia”. Evelyn –explicó el padre D’Arcy- "nunca me habló de experiencia
o de sentimientos. Vino a mí para aprender, y comprendía que lo que creía era revelación
de Dios, y esto hizo que hablar con él fuese una discusión interesante, basada
primariamente sobre la razón”.
Con su conversión, W. alcanza una fe profunda que será el fundamento de su
vida y de su obra. “Yo reverencio a la Iglesia Católica porque es verdad, no
porque está establecida o porque es una institución” , dijo también W. Esta
verdad, explica Weigel, “se convertiría en la pieza central de su visión del
mundo y de su arte”. En una entrevista a la BBC, W. insistía en este hecho:
para él, la religión no es un adorno que uno se coloca cuando ya tiene resuelta
la vida: la fe es “the essence of the whole thing”, 'la esencia de la cosa
misma'.
Pero W. no se transformó automáticamente en un santo. Tenía defectos antes
de convertirse, y siguió teniéndolos después: un carácter agresivo, que a veces
le podía llevar a actitudes odiosas o humillantes con los demás, y a salvajes
cambios de humor, pasando de la exaltación a la depresión. Además siempre tuvo
problemas con la bebida. Pero como él mismo dijo, "yo hubiera sido una
persona mucho peor si no hubiera sido católico".
"San Evelyn Waugh"
W. tenía muy claras dos cosas: el
fin de cualquier cristiano es ir al cielo –ser santo, pero de un modo normal-,
y la verdadera realidad es la sobrenatural. “Algunas personas -dijo W- han sido
tan sensacionalmente santas en vida que sabemos que se fueron directamente al
cielo, y por esto las ponemos en el santoral . (..) Cada individuo tiene su propia
forma peculiar de ser santo, que tiene que llevar a término, o perecerá. No es
bueno que yo diga: “me gustaría ser como Juana de Arco o San Juan de la
Cruz". Yo sólo puedo ser San Evelyn Waugh, después de experiencias en el
purgatorio que únicamente Dios sabe”.
En cuanto a la realidad más profunda de las cosas, W. estaba convencido de
que las realidades visibles son mera apariencia de las sobrenaturales. Como
dice Guy Crouchback, el protagonista de su trilogía sobre la II Guerra Mundial
("The Sword of Honour), el orden sobrenatural “es real, y lo que llamamos
real es sólo una sombra, a passing fancy"”
Una prueba de la rectitud de intención de W. cuando se convirtió al
catolicismo es que estaba convencido de que nunca podría volver a casarse, a
causa de su matrimonio con Evelyn Gardner. Una vez convertido, le explicaron
que con gran probabilidad aquel matrimonio podía ser nulo. W. entonces pidió la
anulación. La causa fue vista ante el tribunal diocesano de Londres, y enviada
a Roma para confirmar la nulidad. También aquí W. pasó una amarga experiencia,
porque el juez diocesano dejó los papeles durmiendo en un cajón, hasta que
un nuevo arzobispo de Londres conoció el
caso de W. y desenterró la causa. Anulado aquel matrimonio, W. pudo casarse con
una joven católica, Laura Herbert, que le hizo feliz y a la que según propia
confesión fue fiel toda su vida. Tuvieron siete hijos. El mayor, Auberon,
escritor y periodista como su padre, falleció en enero del 2000 a los sesenta y
un años de edad, en Combey Florey, la casa donde W. pasó los últimos años de su
vida.
No es colateral hablar de la conversión de W. al catolicismo. Su fe se
convirtió en punto central de su obra, pero no al modo de ciertos escritores
“católicos” (entre otros, su gran amigo Graham Greene), sino más bien como
decía la norteamericana Flannery O’Connor, porque el tema de la literatura “es
la acción de la gracia en un territorio propiedad en gran parte del demonio”.
También Jean Guitton afirma que la novela nos revela el sentido de nuestra
vida, y que hay que leer novelas “para penetrar en ambientes sociales distintos
del nuestro; encontrar bajo las diferencias externas, la semejanza de la
naturaleza humana, analizar los problemas fundamentales, que son el pecado, el
amor, el destino, y todo esto de modo concreto y sin transposiciones de la
moral: para enriquecer nuestras vidas con la sustancia y la magia de otras
existencias”.
Como dice uno de los biógrafos de W., su sentido religioso fue “el factor
unificador de su discordante vida”. Además de lo que ya hemos citado –W.
estaba convencido que sin la gracia, hubiera sido mucho peor-, el escritor
afirmaba que tenía tal experiencia personal en su propia vida de la realidad
del mal, que negarlo “era simplemente una falta de sentido común”.
"Retorno a Brideshead"
Una de las frases
más felices de "Retorno a Brideshead" (1945), su novela más conocida,
es la que escribe el protagonista, Charles Ryder recordando su amistad con la
familia Flyte: “mi tema es la memoria, aquel anfitrión alado que se cernía en
torno a mí una mañana gris, durante la guerra". La trama de la novela es el impacto en
Ryder -en muchos aspectos un trasunto de W.- de su relación con los miembros de
una aristocrática familia en la que la religión católica pesa como una losa.
Aparentemente, la novela se centra en la decadencia de la aristocracia,
derrotada por el mundo moderno y por el "common man", el "hombre
masa" de orteguiana memoria. En realidad, como afirma W. en el prólogo, el
verdadero tema "es la influencia de la gracia divina en un grupo de
personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados".
A través de las crisis de Ryder, en la familia Flyte, y en el mundo
occidental, W. quiere llegar a algo más profundo: la verdadera salvación está
en la renuncia y en el abandono a la voluntad divina. El climax de la novela se
alcanza cuando Charles y Julia Flyte, después de dos matrimonios fallidos, se
enamoran y piensan casarse. Estamos en 1939, la guerra está a punto de empezar
y el viejo marqués Marchmain, padre de Julia, decide volver a Inglaterra para
morir allí. Lord Marchmain es nominalmente católico -se convirtió para contraer
matrimonio- pero después de la Gran Guerra abandonó a su mujer y vivió lejos de
la Iglesia Católica. Sin embargo, en su lecho de muerte se convierte y muere en
paz. Julia entonces dice a Charles que no podrá casarse con él, a causa de su
anterior matrimonio. Ryder lo entiende, y a través de la renuncia llega a la
fe. La escena final habla de la vela del Sagrario en la capilla de los
Marchmain, encendida de nuevo por el capellán militar tras años de ausencia del
Santísimo.
"Brideshead" es sin duda la novela más conocida de W. La escribió
de un tirón durante la guerra, durante los primeros meses del 1944, y la
terminó en junio, coincidiendo con los días del desembarco en Normandía. Una
parte de la crítica la rechazó, calificándola de elitista, snob y pro católica.
Pero aunque supuso un brusco cambio en su carrera literaria, sin duda es una
obra ambiciosa y que, a pesar de que en algunos puntos se le puede acusar de
rozar el sentimentalismo, sabe llegar al corazón de las verdades profundas
sobre el hombre, el amor, la sociedad y Dios.
En 1950, W. desconcertó de nuevo a la crítica inglesa con la novela que él
más apreciaba, "Helena", una versión novelada de la vida de la madre
de Constantino y su búsqueda de la Vera Cruz. Para terminar, recordemos
"The Sword of Honour", la trilogía sobre la II guerra mundial, quizá
la mejor novela escrita sobre esa guerra, que desgraciadamente no se ha
publicado en castellano. La primera parte, "Men at Arms" es de 1952,
la segunda -"Officers and Gentlemen" salió en 1955, y la tercera,
"Unconditional Surrender", en
1961.
Son novelas muy "masculinas", centradas en la segunda guerra
mundial vista a través de los cuerpos de élite británicos, sus rutinas y
tradiciones. W. los conoció de primera mano, pues gracias a una recomendación
de Churchill estuvo en los más prestigiosos: los Royal Marines, los Royal Horse
Guards, los Commandos y el mítico SAS (Special Air Services). Participó en el
fallido desembarco de Dakar (1940), combatió con el 8 Commando (Layforce) en la
batalla de Creta (1943) perdida por los ingleses, demostrando un notable
coraje. Un año después, junto con su amigo Randolph Churchill, hijo del primer
ministro inglés, fue enviado en misión especial a Yugoslavia donde por milagro
salvaron sus vidas cuando su avión se estrelló en un aterrizaje nocturno.
Es en esta mezcla de vida militar y desastre de la guerra en la que se
mueve Guy Crouchback, último descendiente de una vieja familia católica que,
tras ser abandonado por su mujer, busca un sentido a su vida. Espera
encontrarlo en la guerra, en la lucha contra las fuerzas del mal: "por fin
el enemigo estaba claramente a la vista, inmenso y odioso, con su disfraz
quitado. Era la Edad Moderna en armas. Cualquiera que fuese el resultado, había
un sitio para él en esa batalla" (Men at arms, 1952). Tras muchas peripecias militares que
recogen las propias experiencias de W., Guy encontrará el sentido de su vida no
a través de la guerra, sino en un imprevisto desenlace y por medio del abandono
en las manos de la providencia divina.
Waugh y el cine
Prácticamente toda la obra de W. ha sido llevada al cine o la tv.
“Granada tv” hizo de “Brideshead revisited” un serial de gran éxito con
Laurence Olivier, John Gielgud, Jeremy Irons y Claire Bloom entre sus
protagonistas. La productora del “Enrique V” de Brannagh prepara la filmación
de “Cuerpos viles”. En Internet hay varios sitos
dedicados a este escritor. Para su centenario en el 2003, un grupo de
especialistas prepara un congreso internacional sobre W. que tendrá lugar en
Hertford, el college de Oxford donde estudió.
Los académicos
han clasificado la obra de Waugh como “novel of manners”, que no es
“costumbrismo” y mucho menos “casticismo”, sino “novela de comportamiento”, que
convierte en ficción la observación de la conducta social. Este tipo de novela,
dice la E. Britanica, “a veces se ha considerado de menor valor que la que
excava en la mente humana. Y sin embargo, los usos sociales conocidos como
manners, modos de comportarse en sociedad, por muy superficiales que parezcan
son índices del alma colectiva y merecen el atento estudio del escritor y del
lector.” Jane Austen escribe “novela de comportamiento “ centrándose en un
mundo muy restringido, las familias de clase media de provincia a principios
del XIX, y sin embargo nadie puede acusar a Jane Austen de falta de
profundidad. “Novelas como Handful of Dust (1934), de Evelyn Waugh, dependen de
la exacta descripción de los comportamientos de una sociedad cerrada, en la que
las tragedias personales son sólo disturbios temporales del orden colectivo”,
concluye la E.B..
La razón de que
las obras de Waugh se siguen vendiendo es, en gran parte, porque son muy
entretenidas –basta recordar “Scoop” y su sátira de los periódicos ingleses y
sus corresponsales de guerra-, y esto es
una gran virtud. Desde sus albores –el Quijote es, probablemente, la primera
novela moderna- el objetivo de la novela ha sido divertir, entretener. Y el
gran éxito de Cervantes es que hoy, muchas personas pueden reirse a gusto
leyendo el encuentro de el Quijote con Aldonza Lorenzo o la aventura de los
molinos de viento. La novela tiene que entretener, si no, será ensayo o un diccionario, pero no será novela.
“En todos los tiempos, los hombres han leído con gusto los relatos, por mucho
que supieran que eran invenciones, porque se esperaban una verdad más íntima,
más vasta, más cercana a su corazón, que la la llamada verdad histórica”, dice
Jean Guitton en “El trabajo intelectual”. Y el fracaso del experimentalismo o
del nouveau roman, que acabaron en un callejón sin salida, está en gran parte
en que no se proponían divertir al lector, dando de este modo una puñalada
trapera a la novela.
La misma idea es
recogida por la Enciclopedia Británica en la voz “el arte de la literatura”:
“En una época en la que se da por supuesto que la palabra escrita debe ser
“comprometida” -denunciando los males
sociales o dando publicidad a ideologías progresistas- los novelistas que
busquen sólo sacar al lector de su aburrida u opresiva vida cotidiana, no están
muy bien considerados, con excepción del público lector que en un libro nunca
ha buscada otra cosa más que una diversión. Sin embargo, hacer reír o soñar ha
sido durante muchos siglos una legítima ocupación literaria."
Las novelas de E. W. en castellano:
Decadencia y caída, Anagrama, 1986 (puede estar agotada)
Cuerpos viles, Anagrama, 1990
Merienda de negros, Anagrama, 1990
Un puñado de polvo, coleccion Austral nº367, Ed. Espasa Calpe, 1995
Noticia bomba, Anagrama, 3ª ed. 1997
Retorno a Brideshead, Tusquets 1987
Elena, 1997
Relatos breves (En guardia, El amor en tiempos de crisis, El
segundón), Nuevas ediciones de bolsillo, Barcelona 2000
La trilogia La Espada de Honor. Hombres en armas. Edición de Carlos Villar Flor. Ediciones Cátedra. 2003
Oficiales y caballeros. Edición de Carlos Villar Flor. Ediciones Cátedra. 2010
Rendición incondicional. Edición de Carlos Villar Flor Ediciones Cátedra. 2011
Hay ediciones en
catalán de "Brideshead" y
"Un puñado de polvo" (Un grapat de pols, 1997)
The Novels of Evelyn Waugh:
Biografías:
EVELYN WAUGH: A
BIOGRAPHY, por Christopher Sykes, Londres 1975: realizada por un escritor y
amigo de toda la vida de W, es una aproximación a W. desde la amistad y el
aprecio.
EVELYN WAUGH, por
Selina Hastings, Londres 1994, aporta
muchas citas inéditas de la correspondencia de W., pero le falta una
comprensión más profunda de la personalidad del escritor.
EVELYN WAUGH, The
Early Years 1903-1939, por Martin Stannard, ed. Norton (1987), 537 pags, 10,95
$, ed. ecónimica; Evelyn Waugh: The Later Years 1939-1966, por Martin Stannard,
ed. Norton, 1992, 512 pags. 25,95 $: ed. encuadernada en tela. Es la biografía
más completa sobre W. hasta el momento.
Al terminar la segunda guerra, W. intervino para salvar
de la cárcel a Woodehouse, que por una serie de circunstancias había vivido en
zona de ocupación alemana y se prestó a ingenuas declaraciones utilizadas por
la propaganda nazi.
Masked parties, Savage parties, Victorian parties, Greek
parties, Wild West parties, Russian parties, Circus parties, parties where one
had to dress as somebody else, almost naked parties in St John's Wood, parties
in flats and studios and houses and ships and hotels and night clubs, in
windmills and swimming baths, tea parties at school where one ate muffins and
meringues and tinned crab, parties at Oxford where one drank brown sherry and
smoked Turkish cigarettes, dull dances in London and comic dances in Scotland
and disgusting dances in Paris - all that succession and repetition of massed
humanity... Those vile bodies...
Vile Bodies (1930)
The
enemy at last was plain in view, huge and hateful, with all disguise cast off.
It was the Modern Age in arms. Whatever the outcome there was a place for him
in that battle" Men At Arms (1952)